Espíritu Santo, el Eterno Defensor

Hna Julia Karina de la Paz

Me da mucho gusto saludarlos en este mes, terminando prácticamente la Pascua y preparándonos para celebrar Pentecostés. Esta es una de las Solemnidades más importantes para la Iglesia, porque es el Espíritu Santo quien guía y da la vida a la Iglesia.

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Poco antes de su Pasión, Jesús dijo a los discípulos: «Yo les enviaré lo que mi Padre ha prometido» (Lc 24, 49). Esto se cumplió el día de Pentecostés, cuando estaban orando en el Cenáculo con María. La venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente fue el cumplimiento de una promesa de Dios, la más antigua, anunciada y preparada en todo el Antiguo Testamento.

Saint-Martial-rosaceEl Espíritu Santo, colmo a los Apóstoles de una fuerza que los hizo capaces para anunciar sin miedo: «¡Cristo ha muerto y ha resucitado!». Libres de todo temor comenzaron a predicar la Verdad. De simples pescadores miedosos, se convirtieron en valientes testigos del Evangelio. Podemos leer en los Hechos de los Apóstoles, que muchos no lograron entender cómo hombres sin instrucción o estudios,  fueran capaces de hablar de esa manera tan profunda y valiente.

Pero lamentablemente, muchas veces, el Espíritu Santo, es desconocido para muchos de nosotros, sin embargo él permanece a nuestro lado, siendo nuestro defensor, ya que «Parakletos» literalmente significa: «aquel que es invocado» (de para-kaléin, «llamar en ayuda»); y, por tanto, «el defensor», «el abogado», además de «el mediador», que realiza la función de intercesor (intercessor). Es en este sentido de «Abogado-Defensor», además de que algunos Padres de la Iglesia usan «Parakletos» en el sentido de «Consolador».

esp santo

El abogado (defensor) es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a los pecados cometidos, los defiende del castigo merecido por sus pecados, los salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna. Esto es precisamente lo que ha realizado Cristo. Y el Espíritu Santo es llamado «el Paráclito», porque continúa haciendo operante la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna. Así que oremos confiadamente a nuestro eterno defensor: “Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus files y enciende en ellos el fuego de tu Divino Amor…”

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