GRAVISSIMUM EDUCATIONIS SOBRE LA EUCACIÓN CRISTIANA

PARA CONOCER….. EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA
Por Ma. del Socorro Pérez Pérez, fsp

Declaración: GRAVISSIMUM EDUCATIONIS SOBRE LA EUCACIÓN CRISTIANA

Estimados lectores. En esta ocasión tengo la oportunidad de poder compartir con ustedes un documento del Magisterio de la Iglesia que considero de suma importancia para los padres de familia y todas aquellas personas involucradas en la noble tarea de la educación y formación de las jóvenes generaciones de nuestro tiempo; se trata de una de las declaraciones del Concilio Vaticano II que se refiere a la educación cristiana: Gravissimum Educationis.El mismo Concilio expresa “la importancia decisiva de la educación en la vida del hombre y su influjo cada vez mayor en el progreso social contemporáneo”. El acceso a la educación propicia que la persona adquiera no sólo en conocimiento de su entrono social y natural en el que viven sino sobre todo, le brida la posibilidad de adquirir mayor conciencia de su dignidad como ser humano y la oportunidad de participar activamente en los distintos ámbitos de la vida social, económica y política.En los doce números que componen la declaración, el Concilio subraya como características de la educación católica las siguientes dimensiones:
1.- Derecho universal a la educación y su noción
Inicia el número uno declarando el inalienable derecho “a que toda persona de cualquier raza, condición y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable de una educación, que responda al propio fin, al propio carácter; al diferente sexo, y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz”.
De este derecho se prioriza a los niños y adolescentes a fin de que alcancen un desarrollo integral y armónico, incluida una prudente y positiva educación sexual y les permita superar los obstáculos que se encuentren en la vida. Dentro de la educación no se deben olvidar el estímulo de conocer y adquirir los valores morales, de manera que los lleve a amar a Dios y al prójimo. Por ello, se hace un llamado a los gobernantes para que la educación llegue hasta los lugares más alejados de los pueblos que dirigen.
2.- Dimensión cristiana de la educación
Como hijos de Dios, los bautizados tienen derecho a una educación que los hagan más conscientes cada día del don de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en el espíritu y en verdad, ante todo en la acción litúrgica, adaptándose a vivir según el hombre nuevo en justicia y en santidad de verdad, y así lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo y contribuyan al crecimiento del Cuerpo Místico”.
La educación de los bautizados no sólo debe llevarles al conocimiento de Dios, de sí mismos y de su entorno, sino también debe llevarles a dar testimonio de la esperanza y a promover la elevación cristiana del mundo, mediante la cual los valores naturales contenidos en la consideración integral del hombre redimido por Cristo contribuyan al bien de toda la sociedad. De esto tienen la gran responsabilidad los pastores de la Iglesia para que todos los fieles tengan una educación cristiana.
3.- Los educadores
De la educación de los niños y adolescentes están obligados en primer lugar sus mismos padres que los han engendrado y nadie puede suplirlos de esta responsabilidad. Por tanto, son ellos los que deben crear un ambiente familiar adecuado que favorezca la educación íntegra personal y social de los hijos. La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, de las que todas las sociedades necesitan. Sobre todo, en la familia cristiana, enriquecida con la gracia del sacramento y los deberes del matrimonio, es necesario que los hijos aprendan desde sus primeros años a conocer la fe recibida en el bautismo. En ella sienten la primera experiencia de una sana sociedad humana y de la Iglesia. Por medio de la familia, por fin, se introducen fácilmente en la sociedad civil y en el Pueblo de Dios.
Para que los padres de familia puedan dar una educación apropiada a sus hijos, es indispensable el apoyo y colaboración de la sociedad, ya que ella define los programas e interviene en la educación de los niños y jóvenes mediante los programas que elabora para queda una de las etapas educativas. Finalmente, también la Iglesia, como Madre, está obligada a dar a sus hijos una educación que llene su vida del espíritu de Cristo y, al mismo tiempo, ayuda a todos los pueblos a promover la perfección cabal de la persona humana, incluso para el bien de la sociedad terrestre y para configurar más humanamente la edificación del mundo.
4. Medios para la educación cristiana
Uno de los medios que la Iglesia considera como de los más aptos para ofrecer la educación a los formados es la instrucción catequética, porque ella ilumina y robustece la fe, anima la vida con el espíritu de Cristo, lleva a una consciente y activa participación del misterio litúrgico y alienta a una acción apostólica. También valora los demás medios, como los de la comunicación social, que son patrimonio de la humanidad, en cuanto contribuyan a dignificar a las personas y a formarlas.
5. Importancia de la escuela
Se destaca, como medio de la educación y de mayor importancia la escuela, porque en ella se cultiva con asiduo cuidado las facultades intelectuales, desarrolla la capacidad del recto juicio, introduce en el patrimonio de la cultura conquistado por las generaciones pasadas, promueve el sentido de los valores, prepara a la vida profesional, fomenta el trato amistoso entre los alumnos de diversa índole y condición, contribuyendo a la mutua comprensión. También porque en ella participan tanto los padres de familia como los maestros y otros organismos que promueven la vida de toda la comunidad en todos los aspectos.
6. Obligaciones y derechos de los padres
Como los principales responsables de la educación son los padres de familia, ellos tienen derecho a elegir libremente la escuela que consideren mejor opción para educar a sus hijos. El Estado debe vigilar para que en las escuelas se proteja el derecho de los niños a una educación escolar conveniente, así como a vigilar la capacidad de los maestros y la eficacia de los estudios, mirar por la salud de los alumnos y promover, en general, toda la obra escolar. Todo esto exige una ordenación de los métodos de estudio y una adecuada formación y capacitación de los maestros a fin de que puedan educar convenientemente a los niños y jóvenes
7. Educación moral y religiosa en todas las escuelas
La Iglesia debe cuidar que la educación moral y religiosa se dé a todos aquellos que son educados en escuelas no católicas, a fin de que se les enseñen los valores humanos y cristianos a través del testimonio de vida de los maestros y formadores, sobre todo, por el ministerio de los sacerdotes y seglares dedicados a la enseñanza de la doctrina de la salvación La Iglesia reconoce a las autoridades y sociedades civiles que favorecen la debida libertad religiosa, ayudan a las familias para que pueda darse a sus hijos en todas las escuelas una educación conforme a los principios morales y religiosos de las familias.
8.- Las escuelas católicas
La finalidad de las escuelas católicas es la de crear un ambiente comunitario escolástico, animado por el espíritu evangélico de libertad y de caridad, ayudar a los adolescentes para que en el desarrollo de la propia persona crezcan de acuerdo a la nueva creatura surgida mediante el bautismo que han recibido, de manera que quede iluminado por la fe el conocimiento que va adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre. La escuela católica tiene la responsabilidad de proporcionar educación a sus alumnos en los aspectos de este mundo y en los valores del Reino de Dios de manera que lleguen a ser ejemplares en su vida apostólica y en la comunidad en donde viven y se desarrollan.
El Concilio declara la libertad de dirigir y establecer libremente escuelas de cualquier grado y orden, de manera que contribuya a la formación de la conciencia, a la protección de los derechos de los padres y al progreso de la misma cultura.También les pide a las escuelas apoyar a los padres de familia en la educación diferenciada según el sexo y las etapas de formación, así como los padres de familia deberán de confiar sus hijos a las escuelas católicas, de sostenerlas y colaborar con ellas para la educación de sus hijos.
9.- Diversas clases de escuelas católicas
Las escuelas católicas deben conformarse a las enseñanzas de la Iglesia y al progreso de los tiempos actuales, de manera que sean profesionales en las ciencias humanas y fieles a los fundamentos y principios cristianos. El Concilio exhorta a los pastores de la Iglesia y a todos los fieles a que ayuden, sin escatimar sacrificios, a las escuelas católicas en el mejor y progresivo cumplimiento de su cometido y, ante todo, en atender a las necesidades de los pobres, a los que se ven privados de la ayuda y del afecto de la familia o que no participan del don de la fe.
10.- Facultades y universidades católicas
La Iglesia tiene también sumo cuidado de las escuelas superiores, sobre todo de las universidades y facultades. E incluso en las que dependen de ella pretende sistemáticamente que cada disciplina se cultive según sus principios, sus métodos y la libertad propia de la investigación científica, de manera que cada día sea más profunda la comprensión de las mismas disciplinas, y considerando con toda atención los problemas y los hallazgos de los últimos tiempos se vea con más exactitud cómo la fe y la razón van armónicamente encaminadas a la verdad.
Las universidades católicas deben ofrecer estudios teológicos profesionales de manera que promuevan la cultura cristiana a niveles superiores, de manera que los alumnos estén preparados para el desempeño de las funciones más importantes en la sociedad y testigos de la fe en el mundo. El Santo Concilio recomienda con interés que se promuevan universidades y facultades católicas que sobresalgan no por su número, por el prestigio de la ciencia, y que su acceso esté abierto a los alumnos que ofrezcan mayores esperanzas, aunque de escasa fortuna, sobre todo a los que vienen de naciones recién formadas.
Finalmente el Concilio recomienda a los jóvenes de mayor ingenio, tanto de las universidades católicas como de las otras, que ofrezcan aptitudes para la enseñanza y para la investigación, hay que prepararlos cuidadosamente e incorporarlos al ejercicio de la enseñanza.
11.- Facultades de ciencias sagradas
A las universidades católicas de ciencias sagradas la Iglesia confía la formación no sólo de los futuros sacerdotes, sino también de los sacerdotes y eclesiásticos que se dedican a los estudios superiores la investigación científica y para desarrollar las más arduas funciones del apostolado intelectual. A estas facultades pertenece también el investigar profundamente en los diversos campos de las disciplinas sagradas de forma que se logre una inteligencia cada día más profunda de la Sagrada Revelación, se descubra más ampliamente el patrimonio de la sabiduría cristiana transmitida por nuestros mayores, se promueva el diálogo con los hermanos separados y con los no-cristianos y se responda a los problemas suscitados por el progreso de las ciencias.
12.- Coordinación escolar
En este último número de la declación, el Concilio invita a que se fomente y exista una adecuada y eficiente coordinación entre las escuelas a fin de que se provea el bien de todo el género humano. Por consiguiente, las diversas facultades de cada universidad han de ayudarse mutuamente en cuanto la materia lo permita. Incluso las mismas universidades han de unir sus aspiraciones y trabajos, promoviendo, de mutuo acuerdo, reuniones internacionales, distribuyéndose las investigaciones científicas, comunicándose mutuamente lo hallazgos, intercambiando temporalmente los profesores y proveyendo todo lo que pueda contribuir a una mayor ayuda mutua.
Conclusión
Como conclusión, el Concilio agradece a todos los jóvenes que se preparan a ser educadores para que abracen con generosidad y fe su tarea de maestros, sobre todo en los lugares en donde hay escases de profesores; también a los sacerdotes, religiosos y laicos que se dedican en forma evangélica a la educación en cualquier escuela y nivel académico por contribuir en la formación de alumnos que se distingan por su espíritu cristiano.

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