Evocando recuerdos… de una mujer ejemplar

Evocando recuerdos… de una mujer ejemplar

Por María Belén Sánchez, fsp

La niña Teresa Merlo

 La historia de Teresa Merlo empieza, como la de todos los seres humanos y como la de todos y cada uno de nosotros en la infancia, que es donde se ponen las bases del futuro. Hoy la recordamos cuando era todavía niña, cuando vivía en Castañito y como todas las niñas iba creciendo, aprendiendo y encaminando su existencia a una vida futura todavía desconocida, pero muy fuertemente presentida.

Páginas de historia, rayos de luz

tecla 3Sería muy difícil reconstruir los inicios de lo que fue la vida de Teresa Merlo, esta mujer excepcional, que llegó a ser la Madre Tecla, o Primera maestra, como la llamaron siempre sus hijas.

Por eso traemos hoy a la memora aquellas palabras que alguna vez comentó su madre en confianza a quienes le preguntaban sobre la infancia de su hija Teresa.

“Muchas veces tuve la sensación de que esa hija no era mía, ¿y saben desde cuándo? Desde antes de que naciera. Es como si Dios me hubiera encargado un ángel para que yo se lo cuidara…”

Y añadía como si el recuerdo la hiciera retroceder en el tiempo: “Cada vez que la llevaba a la Iglesia, yo la miraba rezar con sus manitas juntas, y yo decía: Dios mío, ¿qué va a ser de esta niña? ¿Cuál será su futuro?”

“Y en esa incertidumbre lo único que se me ocurría era decir una y otra vez: Dios mío, cuídamela, guíala, protégela, porque esta niña no es de este mundo… Esta hija mía es del cielo”.

Lo que ella recordaba

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Teresa Merlo dijo alguna vez: “Cuando era pequeña caminaba por los campos, me gustaba mirar las puestas del sol, ayudaba a mi madre en las pequeñas tareas, como regar las plantas y dar de comer a las gallinas…

Me gustaba mirar lo que hacían las personas mayores, y yo me empeñaba en imitarlas. Así, cuando veía a mi madre, a mi abuelita o a mis tías que se ponían a coser, tejer o bordar, yo las imitaba y muy pronto aprendí muchas manualidades.

Fue una bendición de Dios tener una buena orientación, ya que esa base fue decisiva en mi vida. Siento que en mi infancia me amaron mucho y pienso que esto influyó para hacerme decidida y sin miedo.

Ah, sin duda aprendí a leer, a rezar, pero sobre todo a amar a Dios. Hice la Primera Comunión muy pequeña, tanto más si se considera que en esa época se acostumbraba recibir el sacramento de la Eucaristía ya hacia la adolescencia. Por otra parte, mis padres, a su modo, me dieron las mismas oportunidades que a mis hermanos, estudié lo que puede aprenderse en el pueblo, incluso con maestras particulares.

Reflexión

Teresa Merlo 1

Una joven que vive y crece con buenas bases desde su primera edad, es sin duda una persona valiosa para el mundo, para la sociedad y para ella misma, desde luego. Para que esto sea una realidad, es de suma importancia la familia en la cual se desarrolla y es educada, porque ciertamente muchas niñas se desvían muy pronto por falta de atención, de cuidado y del amor de sus padres que tanto necesitan en esa tierna edad para poder crecer.

Virtudes            

En esta primera etapa de la vida de Teresa Merlo, ya se perciben algunas virtudes que la acompañaron durante su vida, conforme fue cultivándolas y haciéndolas crecer en su actuar.

Laboriosidad que aprendió de sus mayores, que no eran gente ociosa.

Esmero en lo que hacía y dedicación para llevarla a cabo.

La docilidad la ayudaba a aprender lo que le iban enseñando.

Y sobre todo un sincero y sentido amor a Dios que la impulsó a acercarse a muy temprana edad a la Primera Comunión.

Sus Palabras:

De lo que ella dijo podemos recordar muchas de sus freses, ya que cuando hablaba dejaba traslucir su gran sabiduría de vida y su profunda espiritualidad.  En una ocasión decía a sus hijas espirituales: “Que nuestras casas sean oasis de paz y de caridad no envidias, celos ni rencores, sino ayuda y comprensión mutua”.

Sin duda recordaba lo que vivió en su hogar donde todo era armonía y concordia, donde la enseñaban a desempeñar las primeras tareas femeninas. Evidentemente lo recordaba también cuando tuvo que hacer frente a los problemas inevitables que tuvo que afrontar en la vida adulta. “No se angustien cuando no puedan hacerlo todo, pero hagan todo lo que puedan…”

Es indiscutible que esta palabra aflora también de un recuerdo lejano pero muy vivo de cuando recibió el ejemplo y enseñanzas de sus primeras maestras que fueron su madre y su abuela. Se percibe que no eran rígidas, porque las huellas que dejaron en su corazón fueron de comprensión y de amabilidad.

Nuestro Hoy 

Hoy la recordamos como un ejemplo y modelo al que todos podemos imitar y seguir sus pasos, aún cuando ya no estemos en esa edad de la niñez, porque en resumidas cuentas, todos tenemos un poco de infancia y de añoranza en el corazón, y todos tenemos la oportunidad de orientar y ayudar a las niñas –y a los niños- a ser siempre como los quiere el Señor Jesús: Niños en el verdadero sentido de la Palabra.

Proyección al futuro

Maestra reflejo

Volveremos a hablar de Teresa Merlo, antes de que llegue a ser Tecla Merlo, o Primera Maestra, como la llama el mundo desde que fue la pionera entre las Hijas de San Pablo y la “Madre” de aún aquellas que no tuvieron oportunidad de conocerla personalmente. Así que la invitación sigue abierta, para que en el próximo número te enteres de lo que fue la juventud de esta mujer excepcional que dejó una huella luminosa en nuestro mundo.

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