El camino hacia… la felicidad

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Por María Belén Sánchez, fsp

LA FELICIDAD ES UN HECHO

La felicidad existe. ¿Quién no ha oído hablar de ella? Ciertamente tú mismo has sentido alguna vez esa inexplicable sensación que no sabes de dónde procede. Sí, porque la felicidad parece provenir de fuera y la sentimos nacer muy dentro del alma; sabemos que germina en el propio corazón y la vamos buscando afanosamente en las cosas y en los acontecimientos.

El mismo anhelo que impulsa a todos a correr incansables en su búsqueda, es la primera seguridad que nos lleva a afirmar que la felicidad no es un sueño. Nadie va tras lo inexistente.

Desconocida, presentida o vivida, la felicidad es para todos una certeza que da impulso a la vida. Si la llevas cantando en tu corazón, tú mismo puedes afirmar que la felicidad es algo muy real y que todos, sin excepción, podemos dar con ella.

Nadie podrá definir el color de la felicidad, ni su forma ni el lugar donde conseguirla. Pero sí puede afirmarse que está latente en cada ser humano, y que más allá de las limitaciones o condicionamientos que se le impongan, ella se hace sentir, co  encasillarla.

La felicidad irrumpe en la vida. A cada momento y en cualquier lugar. En el rincón donde yace el enfermo desahuciado o moribundo, la felicidad se desliza en una lágrima de dulzura que cae como lluvia de consuelo. En la silla de ruedas que arrastra el despojo de unas alas rotas. La felicidad insiste en hablar de grandezas mayores y de formas nuevas, distintas y mejores de volar.

Confesion

En la confesión, las manos del sacerdote se levantan para bendecir y, junto con el perdón de Dios, derraman una felicidad inexplicable.

Nadie hay tan pobre que no pueda poseerla, nadie es tan pequeño que no logre alcanzarla, nadie tan ignorante que no sea capaz de aprenderla.

La felicidad se asoma a cada momento en la existencia, y aún las circunstancias más aciagas pueden ser semillas de felicidad. Ella brota como una flor purísima en lo más negro del pantano.

Cuando todo es amargo, oscuro y doloroso, la felicidad se presenta como una tentación, como un anhelo, como la obsesión de lo inalcanzable, como lo más atractivo del deseo.

Que la felicidad sea un hecho, es innegable, pero también es cierto que es preciso hacerle lugar en la vida, recibirla en el corazón, prepararle el ambiente, cuidarla, alimentarla y no dejarla morir.

Querer ser felices es la primera condición para que la felicidad germine en el corazón. Solamente un deseo grande puede formarle nido.

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Es la felicidad, flor preciosa que requiere cultivo y atenciones, pero esto, que pudiera parecer extraño, es la más fundada prueba de que la felicidad existe. La felicidad es una vivencia existencial muy humana que enraíza en la vida concreta de cada uno, y desde ella va naciendo la esperanza que eleva lo humano y lo hace aspirar a lo divino, abriéndole paso hasta llegar a Dios.

Felicidad y esperanza se dan la mano: juntas iluminan desde las realidades más sencillas, hasta las más complejas vivencias que caracterizan la actividad humana.

Felicidad y esperanza abren camino al hombre que busca a Dios y en Él encuentra su plenitud y la realización de todos sus anhelos. Yo aprendí la felicidad al escuchar, al convivir, al compartir y comunicarme con personas que vivían una inquietud semejante. En algunas personas vi tan sólo un anhelo. Era una intuición, el atractivo de algo presentido pero desconocido.

En otras vi que la felicidad ya realizada: Cantaba en su risa, se oía como eco en su palabra y hasta su misma presencia era claridad luminosa.

Hoy, después de mucho caminar, puedo afirmar que la felicidad “ES POSIBLE” Y que “VALE LA PENA”.

Pienso en aquellas palabras del Evangelio en donde Jesús habla de la casa que ha sido construida sobre la roca firme, podríamos aplicarlas también a la felicidad: “ESTA CASA NO CORRE PELIGRO”

Yo creo que lo mismo podría afirmarse de la felicidad: vengan los vientos, las lluvias, los huracanes. Si existe la felicidad en la vida, ésa será comparable a la casa que ninguna tempestad podrá derribar, porque está fundada en la roca que es el mismo Cristo y que un día prometió a sus seguidores: “YO LES DARÉ UNA ALEGRÍA QUE NADA NI NADIE LES PODRÁ ARREBATAR”.

mujer-pajaroDIOS  NOS  LLAMA  A  LA FELICIDAD

Señor, la vida que me diste es muy compleja: Mientras siento en mi ser, impulsos que me invitan a escalar niveles superiores, otras fuerzas me invitan a arrastrarme, a descender por  senderos tortuosos y me llevan a negros lodazales…

La vida que me diste no es para desperdiciarla, tiene un hilo, un fin y una meta, es contigo que quieres la vivamos felices, es a Ti a donde conducen todos los humanos caminos; quieres que habitemos en tu casa, eres Tú, mi Dios, nuestro el Padre que nos llama y nos espera siempre con los brazos abiertos, con el amor en las manos y una felicidad inmensa e inacabable.

(Del libro: Invitación a la felicidad, María Belén Sánchez, fsp. Ed. Publicaciones Paulinas, S.A. de C.V. México, D.F.)

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