¡Necesitamos testigos, te necesistamos a ti!

Por: Hna. Julia Karina  de la Paz

Queridos hermanos en Cristo, no se si les ha pasado que al ver a su alrededor todo pareciera mal, demasiada violencia, corrupción, etc., que hasta en nuestra misma Iglesia las cosas no marchan tan bien, que alguien debería hacer algo.

¿Lo has pensado? ¡Que bien! Tal vez es la voz de tu conciencia que te esta pidiendo hacer algo más. Es verdad, los tiempos nos urgen, no tenemos el derecho de quedarnos acariciándonos el alma, a quedarnos encerrados en nuestra comodidad, en nosotros mismos, no podemos quedarnos en nuestras casas, sólo en nuestros grupos parroquiales cuando nos están esperando tantas personas sedientas de testimonio, tantas personas sedientas de Dios, es necesario salir a tocar puertas, salir a tocar corazones.

Porque si queremos una mejor y santa Iglesia, un mundo mejor, es necesario trabajar por ello, porque todos formamos parte del mundo, de la Iglesia.

No es que este mal que vayamos al templo o que estemos en un grupo parroquial, que oremos. ¡No! Este es un muy buen inicio, porque nos estamos llenando de Dios, conociéndolo, pero, por ejemplo, nos convertimos más fuertes físicamente cuando hacemos ejercicio, lo mismo aquí, nuestra comunión con Dios, nuestra participación en el Templo se hacen más fuertes cuando las ponemos en práctica con el prójimo, no sólo hablando, no sólo pensado o cantando himnos, esta es una gran tentación, únicamente hablar y nada de actuar. Ya que nuestro pueblo esta cansado de palabras, no necesita tantos maestros, necesita testigos que vayan en busca de los necesitados.

Ofrecernos totalmente a Dios, sin reservas, como dice Juan Pablo II en la Teología del Cuerpo: “Ofrezcámonos a Dios, ofrecer el cuerpo a Dios es el perfecto sacrificio  espiritual a Él”. Esta expresión no es a lo que estamos acostumbrados a pensar, generalmente decimos que consagramos y ofrecemos el alma, el corazón, pero Juan Pablo utiliza la palabra “cuerpo”, porque es parte de nuestro ser, somos cuerpo y alma, y si va a ser una total entrega de amor a Dios, como Jesús se sacrificio por nosotros, tendrá que ser también física que, así que no tengamos miedo de desgastarnos por los demás. Si sufrimos alguna enfermedad, ofrezcámosla también  por nuestros hermanos necesitados, ya que en las enfermedades nos unimos de manera especial a la Cruz de Cristo, porque en nuestras debilidades se refleja su poder y misericordia.

Pero debemos recordar que todo es don de Dios, es decir, no es que nosotros lo hagamos todo por nuestras propias fuerzas, que salvaremos al mundo. La actitud que debemos de tener es de apertura a los dones de Dios, orar y  poner en practica todos los “Talentos” que le Señor nos ha regalado.

Y cuando nos llegue la tentación de preguntar ¿qué esta haciendo Dios ante tantos desastres o ante tanta violencia?, recordemos, Dios nos a creado y nos a dado los dones necesarios para ayudar a los demás, nos sigue alimentando con su Cuerpo y enseñanzas, nos impulsa a salir de nosotros mismos e ir al encuentro de los necesitados, esta con nosotros.

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