CINCO MINUTOS … PARA CONOCER… A LAS FAMILIAS HOY

Por Omar Godos Cruz

Apreciados lectores.

Con gusto me dirijo a ustedes a través de este boletín para compartirles algunas reflexiones sobre la familia hoy con la finalidad de que valoremos y retomemos el proyecto de Dios sobre la pareja humana que desde el principio de la creación hizo hombre y mujer, seres diferentes pero complementarios para que juntos no sólo fueran generadores y prolongadores de la especie humana, sino también armonizaran y cuidaran de toda la creación a ellos encomendada.

Nos dice el Evangelio de San Marcos (Mc 10,9) “lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. A nuestro tiempo estas palabras se convierten en una exhortación a los creyentes, hacia la superación de toda forma de individualismo y legalismo, consecuentes de un egoísmo mezquino y el miedo de aceptar la autenticidad del significado de pareja y de sexualidad humana basado en el plan de Dios.

Solo si somos capaces de comprender la gratuidad del amor manifestado en Jesucristo a través del misterio pascual donde su entrega es por amor total, solo así podremos comprender la locura de la gratuidad del amor conyugal único e irrepetible.

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En el plan de Dios, el matrimonio no es un cuento, un juego, una utopía de adolescente, sino un sueño en el cual el hombre estaría destinado a la soledad. Tanto así que el miedo de unirse a ese plan, escalofría el cuerpo y paraliza el corazón humano.

El hombre de hoy, que a raíz de todo lo que acontece dentro de su entorno ridiculiza este plan de Dios, perteneciendo atraído y sediento de todo amor autentico, solido, fecundo, fiel y perpetuo. Lo vemos caer e ir corriendo hacia los placeres temporales, pero con un deseo incesante de amor puro y auténtico; corre tras los placeres carnales, pero anhela entregarse total y desinteresadamente.

En efecto, por la libertad ilimitada que el hombre tiene, una vez que ha probado de los placeres que el mundo le ofrece le dejan de ser atractivos y por lo tanto prohibidos. Aunque los placeres tiendan a lo extremo y se renueven al infinito, resultan ser insípidos, porque son cosas puramente finitas no infinitas, y recordemos queridos hermanos que nosotros, en cambio, tenemos sed de infinito.

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En este contexto social que vivimos, bastante complejo y difícil estamos llamados a la fidelidad a Cristo, a trascender, ir más allá de nosotros mismos, en la verdad y en la caridad, como rostro de misericordia.

Por lo tanto estamos llamados a testimoniar: en fidelidad a Cristo Jesús, como voz que clama en el desierto para defender el amor fiel y animar a todos los matrimonios que viven en un espacio en el cual se manifiesta verdaderamente el amor divino; para la defensa de la sacralidad de la vida, para defender la unicidad e indisolubilidad del vinculo conyugal como signo de la gracia actuante de Dios y de la capacidad del hombre de amar enserio.

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Vivir en la verdad: que no cambia según las modas,  circunstancias y opiniones dominantes. La verdad que protege al hombre y a la humanidad de las tentaciones de auto referencialidad y de transformar el amor fecundo en egoísmo estéril, la unión fiel en vínculo temporal, “sin verdad, la caridad cae en un mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacio que se llena arbitrariamente. Este es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad” (Benedicto XVl).

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