Semana Santa

Jesús lleva en la Cruz el peso de nuestros pecados, cae y cae, para poder venir a nuestro encuentro.

Por Hna. Julia Karina de la Paz

CristoPara escribir esta vez, busqué dentro de algunos de mis antiguos escritos, pero no encontré nada que me ayudara. Fue entonces que me dí cuenta, que es muy poco lo que he escrito acerca de la Pasión de Jesús, el Misterio que nos salvó, que me salvó. Pienso que tal vez es porque nuestra cultura evita ver el sufrimiento, sólo le gusta ver a un Jesús como niño feliz, triunfante, amoroso, manso.

¡Si!  Jesús es todo lo anterior, pero también es un Jesús humillado, herido, maltratado,   no sólo por los soldados, Poncio Pilato, Sacerdotes y Ancianos de hace dos mil años, sino también por nosotros,  por ti y por mi.

Si en la época de Navidad decimos que Jesús es el Emanuel, el Dios-con-nosotros, en la Semana Santa lo palpamos. Nosotros estamos sumidos en la tierra por el pecado; el Señor lleva este peso en la Cruz y cae y cae, para poder venir a nuestro encuentro; Él cae para levantarnos. Es el Dios que no sólo es cercano, sino que incluso vive y comparte nuestros sufrimientos; que desea transformar nuestro corazón de piedra y llamarnos a compartir también el sufrimiento de los demás; quiere darnos un “corazón de carne” que sea sensible a los padecimientos de la humanidad; que sienta compasión y no lástima.

La liturgia de estos días nos marca el camino que debemos seguir en nuestra vida diaria, desde el domingo de Ramos hasta la Pascua; no nos presenta vagas utopías, sino que nos presenta el Camino, la Verdad y la Vida. Porque de nada sirve quedarnos únicamente con las palabras y sentimientos si nuestra vida continúa como siempre. Tratemos de descubrir su Rostro cuando nos unamos a Él en la Eucaristía o cuando nos acerquemos con bondad al que sufre, al perseguido, al indefenso.  Al compartir el sufrimiento de estos hermanos   podremos verlo frente a frente como Verónica o el Cirineo y así ayudaremos a llevar la misma cruz de Jesús.

Jesus cruzVivamos estos días unidos a Jesús; muramos con Él y resucitemos también con Él. Unamos nuestras voces a las de la Iglesia universal en el Pregón Pascual que canta el Sábado Santo: “En verdad es justo y necesario, aclamar con nuestras voces, y con todo el afecto del corazón, a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. ¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! ¡Qué incomparable ternura y caridad! ¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!”

Despertémonos de nuestro cristianismo cansado, sin entusiasmo; levantémonos y sigamos la Luz, caminando con la mirada fija en Él que es el Camino, la Verdad y la Vida.

Semana Santa Camino de la Gloria

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