DECIDIENDO SU VOCACIÓN

Evocando recuerdos… de una mujer ejemplar

Por María Belén Sánchez, fsp

 

DECIDIENDO SU VOCACIÓN

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Páginas de historia, lo que vive en el recuerdo.

“Cómo ha crecido Teresa… hace poco tiempo era una niña frágil y delicada… Y ahora ya la vez, tan alta, tan bonita…” decía la abuela, y su madre le aseveraba: “Tú, de tanto que la quieres, no ves más que lo hermoso de ella. Yo en cambio, tengo que preocuparme en todo aspecto ya que su misma juventud y belleza pueden ser un peligro.”

Pero Teresa desde joven ya había tomado la decisión de ser sólo para Dios y había hecho su solicitud para entrar en un convento.

Ella misma decía: “Sí, era mi deseo, pero me desanimé porque me dijeron que necesitaba mucha fuerza y muy buena salud. Yo quería dar mi vida a Dios, pero desde niña fui delicada y enfermiza, un poco anémica, decían.

M Tecla 1914

Mientras tanto, yo seguía dando catecismo, ayudando en la parroquia en todo  lo que podía, y en el fondo de mi corazón tenía la certeza de que Dios daría una respuesta a mi anhelo. No sabía cómo ni en qué forma, pero yo confiaba que El me mostraría cuál era su voluntad.

Un día fui a ver al P. Alberione; mi hermano lo conocía y le había hablado de mí. Entonces él le dijo: “dile que venga a verme”. Hablé con él, y después de oírle, decidí colaborar en esa obra maravillosa que él percibía lejana como un sueño, clara como un espejismo, pero posible”.

Siguiendo el diálogo de la madre y la abuela de Teresa podremos conocer qué pensaban ellas al respecto.

ANITA.- ¿Sabes Vicenta, el Padre Alberione ha mandado llamar a Teresa?

VICENTA.- Sí, sí; ella misma me lo dijo y quiere que la acompañe. Pero no sé, no sé, tengo que ver muy bien de que se trata, porque… ese padrecito…

ANITA.-Teresa es mayor, puede muy bien elegir su camino…

Pero a la joven Teresa le gusta conversar con su abuelita, se entienden muy bien y de sus  palabras emana una luminosidad que la anima y la orienta a tomar decisiones muy acertadas.

Oigamos una de sus conversaciones:

TECLA.  Abuelita, quiero preguntarte una cosa, ¿Tú conoces al Padre Alberione?

ANITA.-Pues casualmente sí. Lo conocí hace algunos años, cuando llegó de Vicario a Narzole, recién ordenado… Yo estaba allí visitando a mi hermana… Nunca se me olvidará esa tarde… en el pueblo tenían preparada una fiesta para recibir al “padrecito”, pero él llegó, y sin más, reunió a toda la gente en el templo, se subió al púlpito y empezó a predicar… ¡Qué forma tan hermosa de explicar el Evangelio, hijita!

TECLA.-Será muy elocuente.

ANITA.-Nada, hija, dice las cosas con una sencillez asombrosa, pero con tanta profundidad que lo deja a uno fascinado.

TECLA.-Qué hermoso, abuelita.

ANITA.-Cuando el Padre Alberione habla, hasta la brisa calla para escucharle.

TECLA.-Pero dime, ¿Qué es lo que decía, de qué hablaba?

ANITA.-Decía que en el siglo XX habrá sorpresas maravillosas, Adelantos técnicos y científicos, cosas que ni nos imaginamos… pero dice que también habrá en la humanidad nuevas inquietudes, nuevas necesidades en la gente de estos tiempos y que, por lo tanto, pronto veremos germinar, en forma totalmente diferente y desconocida, una nueva vocación. Dice también que la mujer está en camino, que este nuevo siglo será de la mujer.

Lo que recordaba

M. Tecla 2

Y Teresa Merlo, acompañada de su mamá, fue a ver al Padre Alberione. Muchos años más tarde, cuando las hermanas le preguntaban detalles acerca de aquella entrevista, ella simplemente comentaba:

-Yo sólo recuerdo el sí.

El señor teólogo me habló de una misión nueva para realizar, una obra de Dios que haría mucho bien a los habitantes del nuevo siglo. Pero todos los detalles se me esfuman ahora de la memoria. Yo sólo recuerdo que mi respuesta fue un “sí” definitivo, firme, incondicional. Un sí a Dios, a través de la persona del padre Alberione.

Indudablemente, aquel día cambió mi vida por completo. Se acabaron las dudas acerca de mi vocación. Los temores y las incertidumbres eran cosa del pasado. Yo había dicho sí. Mi camino estaba trazado para siempre; desde ese momento en adelante, tan sólo me tocaba recorrerlo.

Sus palabras

“Hay muchas almas que esperan la salvación y son pocos los operarios del Evangelio.” Teresa Merlo estaba convencida de esta realidad. Sin duda había escuchado las palabras de san Pablo: ¿cómo creerán si no hay quien les predique?

  • “Se necesitan apóstoles con el corazón lleno de Amor de Dios.”

Una verdad tan grande como el mundo, porque es un hecho evidente, que nadie da lo que no tiene, y si el amor de Dios no reina en el corazón, todo lo que hablamos será viento inútil.

Sus Virtudes

Teresa Merlo 1Decisión. Esta actitud, como virtud, es sin duda necesaria para toda persona que quieras emprender algo significativo. Se pueden tener grandes ideales, sueños luminosos, pero mientras no se tome la decisión de llevarlos a la práctica se quedan en eso: en fantasías.

Entrega. Teresa Merlo tuvo claro su ideal y luego de tomar una decisión, supo que para llevarlo a una feliz realización era necesaria también la entrega total, ilimitada y sin condiciones.

 

Nuestro Hoy 

En el presente, ahora que ha llovido mucho desde aquel día, porque han pasado ya casi cien años, todavía hacen falta jóvenes entusiastas y decididas, con el corazón lleno de Dios que estén dispuestas a dar y a darse para hacer llegar el Mensaje de Cristo Jesús a todas las personas que inquietas buscan  una razón y una esperanza para su vida.

Proyección al futuro

En páginas sencillas como las que hemos ido leyendo, seguiremos hablando de esta mujer excepcional que tuvo la valentía de entregar su vida a Dios con el mismo ideal de san Pablo: llevar a todos los confines el Evangelio.

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